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Roger Federer: "Un tenista, sin más" - Ingreso al Salón de la Fama entre lágrimas

1 de septiembre de 2026Carlos Mendoza2 min

En una emotiva noche en la que también fue homenajeada la locutora Mary Carillo, introducida por Billie Jean King, Roger Federer fue presentado por su esposa, Mirka. Federer, visiblemente emocionado, reconoció la habilidad de su esposa para hablar en público, algo que lo sorprendió gratamente: "Ella es una buena oradora pública. No lo sabía. Un acto difícil de seguir."

Mirka compartió una anécdota reveladora: cuando se enteraron de que esperaban gemelos por primera vez, ella le advirtió a Roger que sus días de gira probablemente terminarían. Sin dudarlo, él respondió: "Entonces, ya no jugaré más". Mirka enfatizó que no estaba siendo dramático, sino sincero: "Eso es Roger. Su familia es lo primero." Afortunadamente, se encontró una solución, y dos pares de gemelos terminaron viajando por el mundo con ellos.

Sus cuatro hijos, Myla, Charlene, Leo y Lenny, estuvieron presentes en la sala, junto con los padres de Federer, Robert y Lynette, quienes se mostraron visiblemente conmovidos. Mirka concluyó con una profunda reflexión: "Lo que me enorgullece más no son los logros de Roger cuando el mundo lo observaba. Es quién es cuando nadie lo está mirando."

Federer, ya más calmado, recurrió al humor para compartir cifras curiosas de su carrera: más de 5.000 cintas para el pelo ("más que Borg y McEnroe juntos"), más de 7.000 pares de calcetines ("los duplicaba"), unas 10.000 raquetas encordadas en 25 años y 4.040 sets jugados con las mismas rodillas. "Todavía las tengo, por cierto", bromeó, pidiendo que lo atraparan si llegaba a caer.

Más allá del humor, su discurso fue una carta de amor al tenis y a las personas que lo rodearon. Federer recordó sus inicios como recogepelotas a los 13 años en el Swiss Indoors de Basilea, y se dirigió a cada uno de ellos con gratitud: "Los veo, les doy las gracias, yo fui ustedes." También rindió homenaje a sus entrenadores, como Peter Carter y Peter Lundgren, y a su preparador físico Pierre Paganini, quien soportó sus constantes preguntas.

"Llaman a esto el Salón de la Fama", dijo, "pero la fama nunca fue el objetivo. Mi meta era pasar mi vida haciendo algo que amo, con la gente que amo." Se definió no tanto como un atleta profesional, sino como "un tenista, sin más", un aficionado al deporte antes de jugar y que sigue siéndolo.

En cuanto a su futuro, Federer dejó claro que no se alejará del tenis: "Mi tiempo como jugador ha terminado, pero el tenis siempre estará en la intersección de todo lo que más me importa. Así que esto no es un adiós."

El chico de Basilea se despidió agradeciendo a todos por "compartir el viaje que nos unió". Para entonces, las lágrimas ya habían ganado la batalla.